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HISTORIA
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En
el monte Valonsadero se han encontrado pinturas
rupestres con representaciones esquemáticas
de figuras humanas, de animales y plantas, y que
parecen haber sido realizadas por los habitantes
de estos parajes entre los años 3.000 y
2.000 a. de C.
Cercana
a Soria, en término municipal de Garray,
se encuentran los restos de la ciudad de Numancia.
Hasta la fecha, los restos más antiguos
allí encontrados datan del Bronce Medio
y de la primera Edad del Hierro.
No
obstante, el origen de la ciudad hay que buscarlo
en la repoblación que Alfonso el Batallador
llevó a cabo hacia el 1110, tras reconquistar
estos territorios a los musulmanes. Casi a un
tiempo se establece también la orden militar
de San Juan del Hospital, que consigue su primer
fuero de manos de Alfonso el Batallador. Sin embargo,
tras la reconquista, la ciudad siguió siendo
escenario de luchas fratricidas, esta vez entre
los reinos cristianos por su importante enclave
estratégico, y poco después pasó
a manos castellanas al ocuparla Alfonso VIII el
Emperador, quien le concedió el Fuero extenso
en 1214. Ese mismo año, según la
tradición, San Francisco de Asís
visita Soria y funda un monasterio.
La
ciudad estuvo vinculada a la Mesta desde el principio
de la creación de esta sociedad, pero la
inestabilidad política siguió afectando
a Soria hasta la llegada de la dinastía
Trastamara al poder, aunque las luchas nobiliarias
por el control del poder siguieron produciéndose.
Durante todo este tiempo se asentaron gentes de
diversa procedencia, creando sus propios barrios
(dentro del perímetro del castillo) y separándolos
unos de otros por parcelas de cultivos. Además,
cada uno de estos grupos construyó sus
iglesias. En 1270 existían ya 34 barrios
o callaciones.
En
1288 don Sancho el Bravo se refugia en Soria esperando
el ataque de los Cerda, defensores del rey Pedro
de Aragón. Ocho años más
tarde, tras la muerte del rey Sancho, los infantes
de Cerda se apoderan de la ciudad.
Durante
la Edad Media prosiguen las luchas para la consolidación
de los reinos cristianos y de las familias de
nobles que querían hacerse con el poder.
Entre otros actos bélicos y de represalias
está el de la rebelión contra Alfonso
XI en la figura de su privado Garcilaso de la
Vega, a quien los sorianos dieron muerte en la
iglesia de San Francisco, con el consiguiente
castigo del rey a los culpables.
En
época medieval Soria tuvo una gran importancia
tanto política como económica: en
la ciudad se celebró la boda entre Juan
de Castilla y la infanta Leonor, que sellaba la
paz con Aragón firmada en la Paz de Almazán
de 1375; el matrimonio entre Leonor y el infante
Carlos de Navarra, y varias convocatorias a Cortes,
entre ellas, las de Juan I a finales del siglo
XIV, en las que se dictan las normas relativas
a la población judía. A este respecto,
la ciudad (desde su repoblación) era mayoritariamente
cristiana, pero paulatinamente comenzó
a crecer la judería, que se convertiría
en una de las mayores de la provincia. La población
judía se dedicó especialmente al
comercio de paños y de ganado, así
como de vinos y aceite. La expulsión de
los judíos, en 1609 afectó enormemente
a la ciudad, ya que supuso un notable descenso
demográfico.
Poco
antes de entrar en la Edad Moderna, Soria ya conocía
un modo de gobierno peculiar: el Concejo, presidido
por un juez, 18 alcaldes caballeros, e igual número
de jurados, designados cada uno de ellos por los
habitantes de cada barrio. Este fue el origen
de los Doce Linajes, las familias de nobles que
con el tiempo alcanzaron las posiciones de mayor
poder político en la ciudad.
Con
el fin de la Mesta termina también la época
de esplendor de Soria, ya que la rama soriana
fue la más importante de las que integraban
la Hermandad. Pese a todo, Soria vivió
una gran época de esplendor desde el principio
del Renacimiento, y muestra de ello son el gran
número de palacios señoriales que
surgieron por esa época, muchos de los
cuales aún se conservan.
Durante
la guerra de Sucesión Soria fue partidaria
de Felipe V, aunque la ciudad no obtuvo grandes
recompensas por su fidelidad a los Borbones. Durante
la guerra de la Independencia el ataque de los
franceses provocó que los propios sorianos
se sublevasen contra las tropas invasoras y para
ello destruyeron parte del entramado defensivo
de las murallas y el castillo de la ciudad. Ya
en ese siglo el declive demográfico es
patente, y será una de las dolencias de
la provincia hasta las fechas actuales.
Numerosos
sorianos han destacado a lo largo de la historia
en diversas áreas de la cultura, las ciencias
o la política, pero también muchos
otros personajes ilustres han amado las tierras
sorianas como si se tratase de la propia. Basta
recordar cómo Soria inspiró a Machado,
Bécquer, Gerardo Diego, o cómo Ortega
y Gasset, Unamuno o Valle Inclán pasaron
grandes periodos de tiempo en la provincia, de
la mano del que fue con frecuencia su anfitrión
ilustre americanista soriano José Tudela.
Como
en todas las épocas han existido sorianos
ilustres, valga la mención de unos cuantos,
con la aclaración previa de que se trata
de apenas una pequeña muestra de todos
ellos:
González de Beteta fue embajador en Roma
de los Reyes católicos; Fray Francisco
de Soria, confesor de doña Violante; Clemente
Sáenz García, geólogo e historiador
del siglo XX. Siglos antes ya destacó la
figura de Fray Tomás de Berlanga, que formó
parte del consejo asesor del primer viaje de Colón
a América. Un gran estudioso de temas geográficos,
naúticos y de historia natural, que luego
ampliaría en sus propios viajes por las
tierras del Nuevo Mundo, donde descubrió
las islas Galápagos.
Juan
Antonio Gaya Nuño, que como crítico
de arte e historiador publicó numerosos
libros y artículos en revistas especializadas,
y que también publicó unas cuantas
novelas, entre las El Santero de San Saturio destaca
por ser una de las más conocidas por los
sorianos. Lorenzo Aguirre fue un destacado experto
en leyes y un colaborador asiduo en diversos periódicos
y revistas. Su nieto Blas Taracena y José
Tudela, dedicaron prácticamente toda su
vida a estudiar la historia de Soria. El primero
fue además director del museo Numantino
desde su fundación, y ambos excavaron y
estudiaron minuciosamente los restos hallados
en Numancia. Taracena fue también director
del museo Arqueológico Nacional.
Por
su parte, José Tudela repartió la
mayor parte de sus trabajos entre la temática
soriana y la americana, de la que fue un gran
investigador. Tudela fue subdirector del Museo
de América desde su fundación y
director del Museo Etnológico de Madrid,
entre otros. Además de publicaciones sobre
sus estudios, también fue un asiduo colaborador
en periódicos y revistas de ámbito
nacional.
Antonio
Pérez-Rioja fue cronista de Soria y comisionado
para el traslado de los restos de Cristobal Colón
de América a Sevilla. Su sobrino-nieto
José Antonio, fundador del Centro de Estudios
Sorianos (adscrito al CSIC), y ha presidido y
dirigido la revista etnográfica Celtiberia.
Su producción bibliográfica es muy
extensa, más de 2.000 artículos
y 44 libros de temática variada: filología,
arte, historia
José Antonio Pérez
Rioja ha publicado también un libro que
bajo el título Apuntes para un dicccionario
bibliográfico de Soria, es de gran utilidad
para conocer con gran minuciosidad a muchos otros
personajes ilustres, sorianos o relacionados con
la provincia, pasando desde guerreros numantinos
hasta personalidades contemporáneas.
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