Los Magos de Oriente

Había sido convocado para recibir en la Plaza Mayor a los Magos de Oriente, sobre las ocho de la tarde noche del 5 de enero de 2016. Como estuve acompañando a unos niños durante toda la Cabalgata, desde Los Pajaritos, al llegar al Collado tuvimos que dar un rodeo por calles circundantes para llegar a tiempo a la Plaza Mayor, pues tenía que recibir, como concejal, a los Magos.

Dejé a los niños, con las indicaciones de la Policía Local, en la fila pública organizada para acceder más tarde a la recepción que los Magos hacen en el Patio de Columnas del Ayuntamiento. En esta fila, todos los infantes, bajo el frío y la nieve, esperan su turno, helados pero ansiosos, a que los Magos les reciban. ¿Todos los infantes…?

Como soy nuevo en estas lides, no conocía aún el protocolo interno que se lleva a cabo en ocasiones como ésta. Por el rodeo que tuvimos que dar, no llegué a tiempo, por un minuto, a recibir a Melchor en la Plaza Mayor. Al poco tiempo llegó Gaspar, al que sí recibí con un saludo en la fila que, junto al Alcalde y a otros concejales del PSOE y del PP, formamos ante el Ayuntamiento.

Al momento llegó Baltasar, a quien saludé igualmente. Luego los Magos dejaron sus ofrendas en el pesebre, ante el cual desfilamos todos, para encaminarnos seguidamente al interior del Ayuntamiento.

A mí me iban indicando dónde ir, pues nadie me adelantó el protocolo. Mi sorpresa fue que en un segundo me encontraba encerrado en pleno despacho particular de Alcaldía, con los tres Magos, el Alcalde, los Concejales, parejas, hijos de cargos, y unos pocos invitados VIP con sus retoños, en un maremágnum de abrazos a los “Reyes” y fotografías familiares.

Todo esto escapaba a mi entendimiento, quizá por la propia emoción de estar yo mismo en privado con sus “Majestades”. Mientras tanto, los tres niños a mi cargo y el resto de los “mortales”, esperaban diligentemente su turno en la calle a cero grados…

¿Qué necesidad tiene un alcalde joven y “socialista” de mantener protocolos con privilegios como éste…?

Luis Alberto Romero

7 de enero de 2016

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